Una cualidad en peligro de extinción

Según el diccionario de la Real Academia Española, paciencia es, en sus tres primeras acepciones:

  • La capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse,
  • La capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas,
  • La facultad de saber esperar algo que se desea mucho.

Me llamó la atención que la definición relaciona directamente la paciencia con la facultad de esperar. Probablemente uno de los aprendizajes más difíciles de la vida es aprender a esperar, y hacerlo con calma, tranquilos, respetando procesos vitales, siguiendo los pasos en el orden correcto y no malogrando las cosas por causa de nuestra ansiedad. A esto se le llama cultivar la paciencia. Y por algo le llamamos habitualmente cultivar, porque no es algo que nos caracterice a la mayoría de nosotros, ni es algo que se compre en la farmacia, es algo que se aprende enfrentando situaciones desafiantes, de esas que amenazan sacarnos de nuestros cabales, o arrancar de nuestro interior nuestras peores cualidades.

Hace tiempo vengo observando que en esta era tecnológica, virtual en la que estamos inmersos, tenemos tantas facilidades que hemos perdido habilidades básicas que poseían nuestras generaciones pasadas. Quienes nacieron antes de los años 90, pueden hacer una comparación rápida entre su vida actual y su vida antes de la revolución tecnológica. Sabíamos esperar porque era la forma de hacer y lograr las cosas. No había otra opción. La comida se hacía cocinando, las cuentas se pagaban saliendo de casa, y haciendo fila en una oficina pública, igual que las compras del artículo que sea, para comprar un pasaje aéreo o por tierra había que llamar por teléfono en el mejor de los casos, o trasladarse hasta el aeropuerto o la terminal de ómnibus. Para ver una foto teníamos que esperar su revelado, para enviar una carta a alguien que estaba del otro lado del mundo o en otra ciudad habia que escribirla de puño y letra, despacharla en el correo y esperar una semana a que llegue a destino y otra semana a que llegue la respuesta .Hoy estamos a un clic de todo, si algo tarda más de cinco minutos ya no lo queremos, y si un audio de whatsapp dura más de un minuto ni siquiera lo abrimos.

La generación digital tiene incorporada una habilidad tecnológica natural envidiable para sus padres, pero muchos carecen de habilidades sociales y humanas como son la de la comunicación cara a cara, la paciencia, el respetar y seguir procesos. Como consecuencia de esto son ansiosos, arrebatados e intolerantes a la frustración.

Lo curioso es que estas habilidades y competencias perdidas siguen y van a seguir siendo necesarias porque hay procesos humanos y naturales que las necesitan. ¿Quién puede apurar el crecimiento de una planta, o la gestación de un bebé? ¿Quién puede apurar el proceso de la recuperación de la salud luego de una enfermedad? ¿Quién puede construir un edificio en un día? ¿Quién puede generar confianza en un día? ¿Quién puede consolidar una relación en una semana? ¿Quién puede tener éxito de la noche a la mañana? ¿Quién puede alcanzar un título de grado o post grado en pocos días?

La respuesta es obvia, nadie. ¿Por qué? Porque todo lo mencionado son PROCESOS, y los procesos requieren tiempo, y para respetar esos procesos y acompañar esos tiempos, necesitamos PACIENCIA.

Producto instantáneo

Lo rápido no suele ser en líneas generales ni lo mejor, ni lo más nutritivo, ni lo más saludable, ni lo más durable.

Las cosas buenas, lo que vale la pena en la vida, lo que nos hace crecer lleva tiempo, requiere un proceso y reclama paciencia de nuestra parte. Lo único que se logra rápido es hacer las cosas mal, «meter la pata», como decimos en mi país. Porque hasta soñar la vida, que es algo bueno y aparentemente fácil, lleva más tiempo y trabajo que hacer las cosas mal.

Rápido se pierde la confianza, en un segundo se da una mala impresión, rápido se destruyen cosas, relaciones, proyectos, sueños, rápido nos olvidamos de las personas que siempre están y a quienes no dedicamos tiempo suficiente justamente porque lleva tiempo y algunos de ellos nos ponen a prueba la paciencia.

Igual que los productos instantáneos, como una sopa o cualquier comida de un minuto, lo rápido no suele ser en líneas generales ni lo mejor, ni lo más nutritivo, ni lo más saludable, ni lo más durable. “Lo que cuesta, vale” dice un refrán. Y ¿qué más valioso que el tiempo que no vuelve y no se recupera? Si algo te lleva tiempo, si te hizo cultivar la paciencia ya tiene más valor que cualquier logro instantáneo.

Para cultivar la paciencia

Hagamos de cuenta que se trata de una planta en peligro de extinción. Raramente se encuentra, fácilmente se pierde, incluso hay zonas enormes donde ni siquiera se conoce, tanto así que cuando alguien se encuentra con otra persona que la posee, confundido lo trata de tonto, lento, irresponsable, iluso, y tantas cosas más.

Entonces, vamos a cultivarla, vamos a reproducirla, vamos a tratar de que de fruto esta planta. Sugiero dos líneas generales: Una es cultivarla en nosotros, adultos. Otra es educar en el arte de la paciencia a la generación nueva.

Cualquier actividad que te lleve por el camino difícil te ayudará a cultivar la paciencia

Te dejo algunas sugerencias que servirán no solo para cultivar nuestra paciencia sino también para enseñar paciencia a nuestros hijos. Esto sin olvidar que la mejor enseñanza es el propio ejemplo.

  • Hacer una huerta
  • Criar una mascota
  • Cuidar niños
  • Elaborar tu propio pan casero
  • Tejer
  • Armar rompecabezas
  • Pintar mándalas

Si pudiera escoger una consigna que sintetizara el método para cultivar la paciencia sería: escoge siempre el camino largo, es el más seguro y de mayor aprendizaje y crecimiento.

La convivencia y la paciencia

Para cultivar la paciencia bastaría tener una convivencia consciente y comprometida.

Todos los recursos que te mencioné son válidos y efectivos, pero en verdad bastaría solo con ponernos el desafío de convivir de manera consciente y comprometida para cultivar esa paciencia. ¿Qué te parece?

¿A qué me refiero con convivencia consciente? Hablo de estar mental y emocionalmente donde está tu cuerpo. Esto que parece tan obvio como que dos más dos es cuatro, no lo es. Porque lamentablemente nuestros hogares se han transformado en hoteles donde los pasajeros interactúan muy poco, y los lugares de trabajo terminan siendo espacios donde cada quien hace lo suyo y se va. Hay muy poco espacio para el diálogo, la interacción, que obviamente requiere tiempo y desafían nuestra paciencia. Necesitamos prestar atención y dedicar tiempo a quienes nos rodean.

Y con convivencia comprometida me refiero a hacernos cargo un poquito cada uno de nuestras relaciones: con el cónyuge, con cada hijo, con los padres, con la mascota, con los compañeros de trabajo, con los vecinos. Estoy aquí y puedes contar conmigo. De eso se trata. A veces estamos más comprometidos con redes sociales, con la moda, con nuestro coche, con nuestras finanzas, con las noticias, que con relaciones.

Créeme, la convivencia consciente y comprometida pulirá tu carácter y cultivará tu paciencia como ninguna otra cosa.

El que es paciente muestra gran discernimiento; el que es agresivo muestra mucha insensatez.

Proverbios 14: 29

Lore Burgos

Mi nombre es Lidia Lorena Burgos. Soy Licenciada en Psicología General. De nacionalidad argentina. Felizmente casada hace 26 años y madre de 4 hijas maravillosas de 26, 22, 18 y 14 años. Actualmente resido en la Provincia de Neuquén, Argentina. Me apasiona escribir artículos, trabajar en radio, y brindar charlas educativas a la comunidad en mi área. Mi motivación es el servicio y mi lema "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". Filipenses 4: 13

6 commentarios

Mariabelén · 05/02/2021 a las 12:03 pm

Excelente artículo. La paciencia, tan necesaria para tener una vida más leve y en paz. Gracias.

    Lore Burgos · 05/02/2021 a las 12:12 pm

    Así es María Belén!! La ciencia de la Paz. Besos

Juan Suárez · 15/04/2021 a las 10:39 pm

Gracias por este muy valioso artículo Lidia Burgos.
Sin duda hay que desarrollar esa cualidad.

Me gustó especialmente las sugerencias de CULTIVAR UN HUERTO Y CULTIVAR RELACIONES.

DIOS LA SIGA BENDICIENDO EN SU NOBLE LAVOR COMO ESCRITORA.

    Lore Burgos · 09/05/2021 a las 6:23 pm

    Gracias por compartir su punto de vista. Es muy valioso.
    Bendiciones.

jose · 07/05/2021 a las 5:21 pm

HERMOSO TEMA GRACIAS OTRA VEZ POR LOS HERMOSOS CONSEJOS Y ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO Q EN ESTA ERA DE LA TECNOLOGÍA NOS OLVIDAMOS DE ESPERAR Y SE NOS FUE LA PACIENCIA TENGO 40 AÑOS Y LO VEO EN MI HIJA DE 6 AÑOS Q NO TIENE PACIENCIA Y QUIERE TODO YAAA PERO LE EXPLICÓ Q PARA TODO TIENE SU TIEMPO Y PROCESOS Y ORO PARA Q DIOS LE DE ESA PACIENCIA Y A MI Q JESÚS ME INUNDE DE SU MANSEDUMBRE Y PACIENCIA PARA NO SACARME Y SE Q CON DIOS TODO A PUEDE

    Lore Burgos · 09/05/2021 a las 6:24 pm

    Es cierto José. No es fácil. Pero está en nosotros como padres enseñar a nuestros peques a esperar turnos, a respetar procesos, a tolerar frustraciones. Todo es enseñanza para la vida. Bendiciones.

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